De todos los sueños que pueden tenerse, una de las peores pesadillas (o por lo menos una de las más angustiosas) es la de tener un examen. Y es que quién no ha soñado alguna vez el presentarse a una prueba para la que no se ha estudiado, o enfrente a la cual la mente se queda totalmente en blanco, o donde por alguna extraña razón el examen se presenta como un asfixiante e interminable sueño.
Probablemente estos sueños se incrementan en épocas de exámenes, aunque son muchos los adultos que ya lejos de sus épocas de estudiantes siguen sufriendo estas pesadillas.
Los que con toda seguridad las sufren son l@s aspirantes a superar el llamado Examen MIR (Médico Interno Residente), una prueba que actualmente se presenta como la única puerta de acceso a la especialización médica en España. El examen dura 5 horas y consta ni más ni menos que de 260 preguntas tipo test con cinco posibilidades a elegir, con preguntas que versan sobre aquellos temas que aparecen frecuentemente en los tratados utilizados en las Facultades de Medicina. La puntuación final es la obtenida de la suma del 90% del examen y la del 10% del expediente académico, y l@s aspirantes con las puntuaciones más altas tienen la posibilidad de escoger, unos meses después, la especialidad y el hospital donde la llevarán a práctica.
Este año, son un total de 33.476 titulados universitarios los que optan a las tan sólo 8.258 plazas de formación sanitaria especializada. La demanda de plazas ha aumentado este 2011 un 24%, y según el Ministerio de Sanidad, el incremento se debe principalmente al colectivo de Enfermería, que ha crecido un 70%, probablemente como consecuencia del aumento en el número de plazas ofertadas para estos profesionales (848, un 38,7% más que el año anterior).
Se ofertan por primera vez plazas en las nuevas especialidades de Enfermería Familiar y Comunitaria, Enfermería Geriátrica y Enfermería Pediátrica, que se suman a las ya existentes de Enfermería Obstétrica-Ginecológica, Enfermería de Salud Mental y Enfermería del Trabajo.
Con el fin de aprobar estos exámenes, los aspirantes hacen todo lo que está en sus manos, y la mayoría optan por asistir a academias privadas para preparar el examen. Precisamente de una de estas academias surgió el año pasado una curiosa iniciativa: ni más ni menos que un musical basado en la experiencia de la preparación para el MIR. Todo empezó cuando Fernando de Teresa, coordinador docente de AulaMIR (la academia del Colegio General de Médicos), decidió inventarse canciones para ayudar a los estudiantes a memorizar el temario. Poco a poco, el espíritu “compositor” fue extendiéndose entre los alumnos y así empezaron a aparecer curiosas adaptaciones de canciones tan conocidas como el ‘Corazón partío’ de Alejandro Sanz (“Pero si tú no estás, especialista mío, ¿quién le va a curar el corazón al tío?”), ‘La Flaca’ de Jarabe de Palo (“por hacer Familia en Jaca yo daría lo que fuera”) o ‘Zapatillas’ de El Canto del Loco (“Yo quiero entrar, en tu servicio de residente, que no me miren mal al llegar”), que entre muchas otras, acabarían por convertirse en un curioso musical.
Desde aquí, ya sea con academia o sin academia, con música o sin música, deseamos mucha suerte a todos aquellos que tengan o hayan tenido que enfrentarse a tan temido examen, y esperamos que sus pesadillas no hayan sido demasiado frecuentes y que su trabajo les de los resultados esperados, porque la paciencia es amarga pero el fruto es dulce.
Ahora que ya han pasado los reyes, y que l@s niñ@s quizás ya han mezclado los juguetes nuevos con los viejos, llega el momento de hacer una pequeña reflexión.
El otro día fui a dar clases de repaso a una niña de 10 años por primera vez des de que lo dejamos por vacaciones. Al entrar en su habitación, el paso de los reyes magos era evidente. Aunque la economía de la familia no es precisamente holgada, a la niña no le faltaron, entre muchos otros juguetes, ni la Wii ni la Nintendo DS. “¡Ala, cuántos regalos¡”, le dije yo. Ella asintió, pero me dijo que lo que quería ahora era una muñeca de Monster High. Vaya, nunca estamos content@s…
Pero bueno, eso no es ninguna novedad. Tod@s sabemos que siempre queremos más de lo que tenemos, y estamos ya acostumbrados a niñas y niños que no valoran lo que tienen precisamente porque tienen demasiado.
Una vez leí que los señores feudales eran distintos y que a los demás nos parecían seres extraños porque habían conquistado algo “que todos buscan salvo los santos: poder despreciar los bienes terrenales a fuerza de poseerlos”.
Tal vez eso es lo que pasa con los niños, que son dueños de un pequeño feudo, de donde son señores, y si me apuras, hasta reyes.
De todas maneras, lo que más me llamó la atención no fue sólo que la “reina” de esa casa quisiera más, sino que lo suyo era suyo y de nadie más. Resulta que había una amiga suya en la casa, y cuando íbamos a empezar la clase entró para pedirle la consola, puesto que ella no la iba a utilizar. La madre, que también estaba presente, le alargó la consola. Pero la niña (la reina) se puso a refunfuñar, y que no que no que no. Como el perro del hortelano, ni comía ni quería dejar comer. Ante eso, la madre dijo “Bueno, pues no”, le quitó la consola y allí se quedó el aparato, muerto de aburrimiento mientras nosotras repasábamos la lección.
Está muy bien que se cuide la salud material de los hijos, pero la emocional también es importante. Y no me refiero tan solo al cariño, sino al hecho de inculcar determinados valores y hábitos, como el de compartir con los demás, o que cualquier regalo (una muñeca nueva, por ejemplo) tiene que ser el resultado de un esfuerzo o de un buen comportamiento.
Yo no soy madre, y tal vez no tenga derecho a opinar sobre ello, pero sí soy hija, y como tal, sé que aunque en el momento te moleste tener que compartir, o que te hagan esforzarte para conseguir algo, a la larga, cuando creces, lo agradeces. Porque en la vida te vas a encontrar con eso y con mucho más (y peor). Y si ya tienes inculcados unos determinados hábitos, todo es mucho más fácil. Y no sólo eso, sino que los buenos hábitos te hacen más consciente y mejor persona y por lo tanto, más sana emocionalmente.



